El Nacimiento del Destino Torcido

Capítulo 5: El nacimiento

El día del parto llegó bajo una luna oscura.
El hospital estaba cubierto por una neblina espesa, y los relojes se detuvieron por un segundo cuando Verónica comenzó a gritar.

Yo estaba allí, suspendida entre la vida y la muerte, viendo cómo dos luces se formaban dentro del vientre:
una blanca, otra negra.

El alma de mi hermano seguía luchando por regresar.
Pero esta vez, no con odio… sino con miedo.

“No quiero desaparecer,” —susurró él—.
“Entonces ven conmigo,” —le respondí—.
“Pero deja atrás el rencor.”

Las dos luces se fundieron en una sola, y un resplandor cálido llenó la habitación.
Verónica lloraba, María rezaba, y Doña Rosa, desde el pasillo, murmuraba:

“Que las almas hermanas encuentren su destino.”

Y así, nació un solo bebé, con una mirada tan profunda que parecía recordar siglos.
Verónica lo llamó Luz.