El Nacimiento del Destino Torcido

Capítulo 4: Las voces del pasado

Después de aquella noche, todo cambió en la casa de los López.
María comenzó a escuchar llantos de bebé a medianoche, aunque el vientre de Verónica aún no estaba listo para dar a luz.
Decía que el sonido salía del antiguo cuarto de huéspedes, el mismo donde yo había muerto en mi vida anterior.

José no le creía.
Pensaba que eran los nervios, o la culpa que aún pesaba sobre ella.
Pero Doña Rosa encendía velas cada tarde y murmuraba oraciones en voz baja, como si supiera que alguien había regresado.

Una madrugada, Verónica soñó conmigo.
Me vio parada frente a su cama, con una túnica blanca y las manos llenas de luz.
Le dije:

“No temas, tía. No vine a hacer daño. Solo quiero protegerte… y protegerlo a él.”

Cuando despertó, el aire olía a flores de cempasúchil.
Doña Rosa lloró al verlas:
Son flores de muertos… pero también de almas que buscan la paz.

Por primera vez, no sentí miedo.
Solo una extraña calma, como si el mundo empezara a perdonar.