Eduardo se reía a carcajadas en su oficina. Te doy toda mi fortuna si traduces esto. Rosa, la mujer de limpieza, tomó el papel con manos temblorosas. Lo que salió de sus labios hizo que la risa se le congelara en la cara para siempre. Eduardo Santillán se recostó en su silla de cuero italiano de $,000, observando por el ventanal del piso 47 como las hormigas humanas corrían por las calles de la ciudad que prácticamente le pertenecía.
Eduardo se reía a carcajadas en su oficina. Te doy toda mi fortuna si traduces esto. Rosa, la mujer de limpieza, tomó el papel con manos temblorosas….





